16 de febrero de 2009

Don Pablo Domínguez, in memoriam


Aún recuerdo aquel dia como si fuera ayer, 2 de octubre de 2008, por tanto hace escasos meses. Estoy estudiando Teología y Filosofía en la Universidad san Dámaso en Madrid.

Esa mañana teniamos dos horas de una asignatura llamada "Lógica". Recuerdo en verano, hablando con un sacerdote amigo mio le dije "Oye ¿y esto en que consiste?", recordaba algo de la Lógica relacionada con las matemáticas pero la verdad es que me sonaba a chino y mas en una universidad religiosa.

Estabamos todos en clase con nuestros folios aún sin manchas de boligrafo, preparados para cojer apuntes, esperando a que apareciera el profesor que nos iba a impartir la materia. Entonces, entró un sacerdote bastante jóven, muy simpatico, y tras rezar una breve oración comenzó a explicarnos en que iba a consistir la asignatura.

Nos habló de que lo importante al estudiar no es la mera memorización de datos, si no que lo que hay que hacer es comprender bien lo que se estudia para después recordarlo y saber explicarlo. Nos explicó que hay que tener las cosas bien ordenadas en nuestra mente, pues también el conocimiento requiere de un orden.

Fueron pasando las clases en un ambiente de gran cordialidad, aprendiamos cosas acerca de la ciencia del Lógos (la Lógica), nos enseñó cuales son los tres actos de inteligencia (abstracción, juicio y razonamiento) y nos dio la definición de la Lógica Gnoseológica (Ciencia que estudia los actos del saber (de inteligencia) en tanto que verdaderos y unitarios por introspección y extrospección).

Con él conocimos lo que son las falacias, los silogismos, los conceptos unívocos y equivocos... fuimos incluso a una conferencia en la que departieron Víctor Tirado (también profesor), don Gabriel Albiac (columnista agnóstico de La Razón) y el mismo Pablo Domínguez junto con otras dos personalidades acerca de la existencia de Dios como objeto de fe o de razón (o, como sería mas exacto se debatió si se puede conocer la existencia de Dios mediante la fe y la razón).

Hoy veniamos de Roma, donde habiamos estado pasando unos dias muy agradables, veniamos contentos. Nada mas aterrizar encendí el móvil y vi que me había llamado un amigo seminarista de Madrid, no le dí demasiada importancia. Entonces un amigo me dijo "se ha muerto un profesor tuyo" y cuando me dijo quien era, llamé al seminarista y me lo confirmó, me confirmó la trágica y desgraciada noticia.

Don Pablo Domínguez Prieto, sacerdote y profesor especialista en Filosofía, catedrático de la Facultad san Dámaso, nacido en 1966 falleció anoche al sufrir un desgraciado accidente mientras se encontraba haciendo senderismo por el monte Moncayo. Sufrió una caida de 1900 metros.

Era una de las mejores promesas que había dentro del clero español, hombre de gran cultura, gran sacerdote y magnifico profesor. Se hablaba de él como futuro obispo, probablemente como auxiliar de Madrid y ha muerto con fama de santidad.

Los que le hemos conocido, sabemos que ya goza de la gloria eterna, pues sin duda fue uno de los predilectos de Dios y quizá se lo haya llevado tan pronto para que desde allí arriba interceda por todos nosotros.

Hace un año y medio murió alguien que dijo "cada dia mueren una docena de genios, en el anónimato, con sus historias, sus vivencias, su sabiduria..." que a nadie le quepa duda que don Pablo Domínguez era de estos.

Don Pablo Domínguez, descansa en paz maestro. Tu eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, por tanto estarás allí arriba celebrando junto con la Santisima Trinidad. Intercede por nosotros y muchas gracias por lo que nos enseñaste.

11 de febrero de 2009

El niño mártir de Puente Genil

Escribí esta historia hace meses para el programa de radio de unos compañeros, y prometí no publicarla hasta que finalizasen su edición. Este pasado fin de semana colgaron su cuarto trabajo, que lo podéis escuchar en "Onda Milenaria". Os dejo el artículo para quien le pueda interesar:

<<Este hecho que os voy a contar tuvo lugar en la localidad cordobesa de Puente Genil, aunque en aquel momento se conocía por Pontón de Don Gonzalo. El año 1731 estaba agotando sus días cuando, de forma inexplicable, un pequeño de tan sólo 3 años de edad, llamado Alonso Ruperto de los Ríos Sánchez desapareció de su hogar la fría tarde del 27 de diciembre. Inmediatamente se puso en marcha un dispositivo de búsqueda que contó con el apoyo de todo el pueblo, pero a pesar de esto y del intenso rastreo de las zonas donde pudo haberse escondido el pequeño, no se dio con su paradero. La gente ya comenzaba a elucubrar teorías sobre un hombre de aspecto frailesco que había sido visto con un infante de corta edad dirigiéndose al vecino municipio de Monturque, pero nadie pudo aportar detalle alguno.

Una semana después de su desaparición, concretamente el 3 de enero de 1732, unos ganaderos encontraron el cadáver del pobre Alonso Ruperto. Presentaba signos de haber recibido terribles puntazos en manos, pies y pecho, como si hubiese sufrido un martirio similar al de Cristo, lo que conmovió a la población. Lo inexplicable es que, a pesar de haber estado varios días a la intemperie y expuesto a las alimañas, no había signo alguno de putrefacción ni desgarro en sus carnes, ni siquiera una vez situado en la casa de su abuelo, Diego de los Ríos León. Todo ello hizo llenar el ambiente de una mezcla de misticismo y milagro y, ante la incomprensión de lo que ocurría, poco familiares se atrevieron a ver el cuerpo sin vida del pequeño niño en la penumbra de la habitación en la que se encontraba.

La extrañeza del caso obligó a abrir un expediente para investigar los hechos; además, convencidos de que lo ocurrido en la muerte del pobre infante tenía algo de sobrenatural, su cadáver fue llevado en una solemne procesión, seguido por toda la población, hacía la parroquia de Nuestra Señora de la Purificación, donde hoy día sigue momificado en un arca sellada con tres llaves, más exactamente en la “Capilla de las Benditas Ánimas”. Incluso los marqueses de Priego de Córdoba enviaron información a Su Santidad Clemente XII para su canonización. Dicho informe se amplió con algunos supuestos hechos milagrosos relacionados con el niño mártir con la intención de divulgarlos.

Hoy día, los más ancianos del lugar aún son capaces de recordar con detalle los sucesos que se han ido transmitiendo oralmente, a pesar de que el tiempo ha hecho mella en esta intrigante historia, pero que aún así, ha llegado hasta ti. Posiblemente, el fanatismo religioso de la época ha inflado los milagros que rodean el caso, al igual que el misticismo que le rodeaba; pero no por ello la historia pierde su encanto, ni por ello hay que olvidar que se trata de un horrible crimen cometido por un culpable desconocido.

Quizás en otra ocasión les cuente otras leyendas de esta localidad como “La virgen de Cobatilla”, “El señor del río” o las supuestas apariciones en distintos edificios emblemáticos, pero esas… son otras historias.>>


21 de enero de 2009

Libro: "El arquitecto de Tombuctú", Manuel Pimentel


Gracias a El arquitecto de Tombuctú, Manuel Pimentel ha podido sacar brillo a la imagen de Abu Isaq Es Saheli, poeta y arquitecto granadino que supo aprovechar lo mejor de sí, creando el arte sudanés, inspiración de artistas como Gaudí o Barceló. Esta obra, editada por Umbrel este mismo año, permite a Pimentel, quién ya fuera Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, afianzarse en la escritura de la novela, tras haber alcanzado el éxito con La ruta de las caravanas (Planeta, 2005) y, sobre todo, El librero de la Atlántida (Almuzara, 2006), a la cual hace algún guiño durante la narración de esta narración. La novela consta de un total de 509 páginas estructuradas en 99 capítulos y una breve posdata que sirve para redondear la cifra hasta la del centenar de apartados. El autor va alternando pasajes de la adolescencia y juventud de Es Saheli con un viaje a Fez en el que es el embajador de Kanku Mussa, emperador del Reino de los Negros, en la actual Malí.


El arquitecto de Tombuctú está totalmente escrito en primera persona y con unos grandes saltos temporales, unas veces como pensamientos e ideas del personaje principal en su juventud e inicio de su éxodo de Granada, y otras durante los últimos meses de su vida en forma de rihla, una especie de crónica de sus múltiples viajes. No es la primera novela que intercala tantos saltos en el tiempo (o simplemente en el espacio como El quinto día de Frank Schätzing [Planeta, 2004]) que cae en mis manos, pero sí quizás una en las que dichos saltos sean más grandes y cuenten situaciones tan dispares.

En estos textos se relatan toda la vida de Abu Isaq, desde su exilio de Granada hasta sus últimos días en Tombuctú, narrando todos sus viajes, sus poesías y su búsqueda interna de un fin en la vida. Durante su juventud, situada en pleno auge del Reino de Granada a comienzos del S. XIII, el protagonista alterna el prestigioso trabajo de notario de la Alcaicería o de secretario de las chancillerías del reino, con la noche en las tabernas de la ciudad, cantando poesías que cada vez más se acercaban a lo sacrílego, a lo que le ayudaba enormemente el vino y las alucinaciones que le ocasionaba el anacardo.

De repente, se encuentra en un trabajo que no le llena (a pesar de sus altos honorarios en palacio), casado por obligación por el deseo de sus padres, y luchando por solventar varias injusticias que le rodean, las cuales acaban con la pérdida de su mejor amigo. Finalmente, por sus abusos nocturnos, acaba siendo exiliado de Granada por un período de 10 años, evitando así una muy posible sentencia de muerte. Seguido siempre por Jawdar, su fiel compañero de viajes e hijo de su antiguo maestro, parten hacia Egipto, el Antiguo Imperio de los Faraones, únicamente con una carta de recomendación de Ibn al-Yayyab, un amigo de palacio bajo el brazo. Para Es Saheli, allí se prende la chispa por la arquitectura que ya se había engendrado entre los palacetes y jardines del Albaicín y de la Alhambra.

Durante una visita a las pirámides de Luxor, se produce un momento de inflexión en la obra y en la vida de Abu Isaq. Se produce un momento místico que hace cambiar al personaje y tornar su vida hacia un destino más espiritual, borrando los pecados de su pasado e iniciando la peregrinación a la ciudad santa de La Meca. Es sabido por historiadores y escritores el poder mágico de las pirámides de la meseta de Gizeh, lo cual ha sido detallado y explicado en una gran multitud de libros como El secreto egipcio de Napoleón (La esfera de los libros, 2002) del turolense Javier Sierra.

Su peregrinación le lleva a las ciudades de Damasco, Bagdad y Yemen, donde sigue aumentando su pasión por la arquitectura, a la vez que refina su poesía, la cual cada vez es más conocida por todos los territorios que el Islam alcanza. A su llegada a la Meca, parece llegar a alcanzar un nivel de sabiduría reservado a muy pocos. El tema espiritual en estos capítulos está muy acentuado. A lo largo de El arquitecto de Tombuctú, Manuel Pimentel plantea un hermoso debate religioso con el punto de vista de Es Saheli, un hombre religioso que busca la paz espiritual y tranquilidad con el resto de pueblos vecinos, y su antagonismo personificado en Al-Mamir, un imán radical que sólo le interesaba las riquezas y pregonar la palabra de Alá invadiendo con cruentas guerras los territorios infieles.

Finalmente, en La Meca conoce a Kanku Mussa, emperador del Reino de los Negros, a quien acompaña a su vuelta a las tierras del Níger como su poeta personal, aunque al final se convertirá en el mayor de los arquitectos que han morado por esos territorios. Decidió crear un estilo propio, sin ornamentaciones ni lujos, basado en la sencillez de su estructura y de sus materiales. Una arquitectura nacida de la propia tierra, donde todos los creyentes se sentían en paz con Dios, en cuyos interiores se vivía en un ambiente místico donde se podía llegar a alcanzar un estado de bienestar con uno mismo, ya se llame “paz interior”, “karma” o “ying yang”.

En definitiva, Pimentel ha conseguido en este libro una mezcla bastante equilibrada e interesante de poesía, arquitectura, viajes y religión, enmarcada en una historia llena de aventuras y desventuras que consigue enganchar al lector hasta la última de sus páginas.

Más información: Web "El arquitecto de Tombuctú"

16 de enero de 2009

Corto: Deportes universitarios

Puff... la de tiempo que llevo sin escribir por aquí. Durante las próximas 3 semanas seguiré bastante ocupado con el tema de los exámenes y algún trabajillo pendiente. Uno de estos trabajos que he acabado, el correspondiente a la asignatura de Tecnología de la Comunicación Audiovisual, consiste en un cortometraje de minuto y medio de duración. Existe un gran mito sobre el mundo universitario en el que se nos tacha a los estudiantes de vagos y que nunca practicamos ejercicio alguno, simplemente fiesta y dormir; por lo cual nos hemos puesto como objetivo desmontar esa absurda falsedad:



Quería compartirlo con vosotros para que así os riáis un buen rato, aunque sólo sea por verme hacer el payaso ;)

4 de enero de 2009

Tiberio Claudio, historia de una superación



Hoy quiero hablar un poco acerca de Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico "esto, aquello y lo de mas allá". Fue emperador de Roma entre los años 41 y 54 d.C. aunque durante su vida fueron pocos los que apreciaron sus cualidades. No obstante, probablemente se trate de uno de los emperadores mejores que tuvo el Imperio Romano.

He querido empezar el artículo haciendo un pequeño guiño a Robert Graves, quien realizó dos soberbios libros acerca de este ilustre personaje "Yo, Claudio" y "Claudio, el Dios y su esposa Mesalina", de los cuales la televisión británica hizo a finales de los años 70 una serie de televisión llamada (no podía ser de otro modo) "Yo, Claudio" y que tuvo mucho éxito en España.

Nació en la actual Lyon el 1 de agosto del año 10 a.C. Cuando era un bebé su padre falleció víctima de gangrena en una de sus piernas tras caerse del caballo (fue general) mientras se encontraba en un campamento militar. Druso era hermano de otro Tiberio que precedió a Calígula, sobrino de Claudio, en el cargo de emperador romano. Por cierto, Calígula es conocido por su extravagancia, fue capaz de nombrar cónsul a su caballo.

Tuvo una infancia difícil debido a multitud de problemas. Tenía sordera, debido a una enfermedad que padeció de pequeño cojeaba y, para colmo, era tartamudo. Por estos problemas fue despreciado incluso por su familia. Antonia, su madre, decía que era un monstruo y se deshizo de él dejándolo a cargo de Livia. De hecho, Antonia en ocasiones le decía a Claudio "que pena que en Roma no se permita lo que hacían los espartanos (tirar a los niños con deformidades desde un acantilado), hubiéramos hecho contigo lo mismo".

Como digo, Claudio se crió en casa de su abuela. Pero el trato que de ella recibió no fue mucho mejor pues para comunicarse con él lo hacía a través de cartas que mandaba redactar a esclavas, las cuales se las llevaban a Claudio.

Hasta la adolescencia no tuvo apenas formación, si era "un inútil" ¿de que iba a servir que tuviera un tutor? se planteaba su familia. Sin embargo, cuando contaba con unos 15-16 años parece ser que comenzó a sentir inquietud por la historia, la filosofía y otras ramas del saber. Esto hizo que le pusieran bajo las enseñanzas de Tito Livio y de Sulpicio Flavio. Con este último y con Atenodoro Cananita (filósofo estoico) tuvo conversaciones profundas en las que se mostró como un excelente orador, además consiguió superar su tartamudez gracias a los consejos que el estoico le dio para ello. Académicamente destacó en materias como matemáticas, gramática, geometría, medicina, griego y, sobre todo, historia.

Escribió varias obras de historia sobre los cartagineses, fenicios, etruscos, autobiografía, juego de los dados (fue un gran amante de este juego) y una historia de Roma. Fue considerado por Plinio el Viejo uno de los 100 escritores más importantes de Roma.

Poco a poco se fue ganando el respeto y el cariño del pueblo romano pese a que sus familiares siguieron mostrando desprecio hacía Claudio. Fue su sobrino Caligula quien le otorgó un cargo importante, el de cónsul, en ese momento comenzaba su carrera política. Pese a la confianza que Caligula mostró nombrándolo cónsul, también lo humillaba y se reía de él. Quizá fuera este hecho el que motivase que Livia, en el lecho de muerte y ya muy anciana, le pidiera perdón a Claudio por haberle despreciado... lo sorprendente es que Claudio la dijo que no tenía que perdonarla por que nunca había sentido rencor hacía ella.

Tras unos años convulsos, Caligula fue asesinado en el año 41 d.C. En ese momento se quedó Roma sin gobernante y una nueva Guerra Civil asomaba por el horizonte (Recordemos las guerras entre Julio César y Pompeyo o entre Octavio y Marco Antonio). Los pretorianos inspeccionaron el palacio real en busca de familiares de Caligula (para asesinarlos) cuando vieron un bulto en una de las cortinas. Cuando vieron que ese bulto era Claudio, que estaba escondido y para sorpresa suya, gritaron "Ave Claudio" y le dijeron que él debía ser el emperador.

Es probable que los pretorianos quisieran que Claudio fuera emperador puesto que siempre tuvo una buena relación con ellos, además Druso y Germánico (su hermano) eran muy apreciados tanto en las legiones romanas como en la guardia pretoriana. Como anécdota, Caligula era hijo de Germánico, su nombre se debe a que de pequeño cuando iba a ver a su padre al campamento militar le encantaba ponerse las caligae (calzado romano) y los soldados le apodaron Caligula.

Pero no bastaba con la aprobación de los pretorianos y del ejercito, si no que el Senado debía aprobar a Claudio como emperador. El 24 de agosto del 41 fue nombrado emperador aunque renunció a llamarse imperator, nombre que cambió por el de Princeps (esto vino por una propuesta del Senado, que pretendía reinstaurar la República, Claudio era republicano y por eso aceptó). Tuvo un gesto muy inteligente, concedió a la Guardia Pretoriana 15.000 sestercios, con lo que se granjeó aún más sus simpatías.

Durante su gobierno el Imperio Romano experimentó una gran expansión. Fueron conquistadas provincias como Tracia, Nórico, Panfilia, Licia y Judea. No obstante, es seguro que la gran conquista de Claudio fue Britania (43 d.C), en sus tierras se mostró como un gran estratega dando una lección a aquellos que desde su mas tierna infancia le habían calificado como "imbécil", "incapaz" y demás calificativos.

En la ciudad de Roma realizó importantes obras públicas, construyendo nuevos acueductos, mejorando la red de calzadas que unían las provincias con la capital del Imperio, amplió el puerto de Ostia (localidad situada a pocos kilómetros de Roma).

Fue un excelente legislador, sus edictos cubrieron desde consejos médicos hasta dictados morales. Derogó leyes absurdas impuestas por Caligula y perdonó a todos aquellos que estuvieron implicados en la conjura para acabar con él.

"Uno de sus edictos más famosos hace referencia al estatus de los esclavos enfermos: Los dueños abandonaban a sus esclavos en el templo de Asclepio para morir, y luego los reclamaban si habían sobrevivido. Claudio dictaminó que los esclavos que se recuperasen de ese tratamiento por parte de sus dueños serían libres. Es más, los dueños que eligiesen matar al esclavo en lugar de tomar el riesgo de abandonarlo de ese modo serían acusados de asesinato.
Incluso favoreció el nombramiento de los «nuevos romanos» como senadores" (fuente: wikipedia).

Murió en octubre del año 54 d.C. unos dicen que asesinado por su esposa Agripina, otros que por su vejez y el estrés acumulado desde su etapa como senador. Le sucedió Nerón, hijo de Agripina, el cuál ya conocéis como terminó sus días.

En opinión de muchos historiadores, la cuál comparto, con respecto a su sucesión cometió un gran error, nombró heredero a Nerón (su hijastro) en vez de a Britanico (hijo que tuvo con Mesalina. Por cierto, Nerón asesinó a Británico.

Como veis, fue un gran emperador, amplió el Imperio Romano, reforzó su seguridad, mejoró las infraestructuras y comunicaciones además de ser un buen legislador que contó con el apoyo del pueblo romano, del Senado y del Ejército.

He querido contar su historia para animar especialmente a aquellos que en su vida deben luchar contra la incomprensión, intolerancia y desprecios de una sociedad como la nuestra en la que no se respetan los valores humanos y en la que parece que si no respondes a un determinado canon físico no eres merecedor de vivir.